Capa de ozono

Nuestro planeta tiene varias capas, distintas zonas con diferentes estados. Tenemos la capa sólida (la tierra), la capa líquida (los mares y océanos), y la zona gaseosa (la atmósfera).

Esta última es una capa de unos 480 km compuesta por otras subcapas de gases. Entre ellas, una fina capa juega un papel fundamental: la capa de ozono.

¿Qué es el ozono y la capa de ozono?

Empezando por el ozono, es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno, es la molécula O3. Recordemos que el oxígeno que respiramos es O2. Estas moléculas son lo que se conoce como formas alotrópicas, en este caso del oxígeno, porque son diferentes conformaciones de un mismo elemento.

La capa de ozono, es una zona de la atmósfera, concretamente de la estratosfera, que contiene una concentración elevada de ozono en comparación con otras capas.

Esta capa se extiende aproximadamente de los 15 km a los 50 km de altitud y reúne el 90% del ozono de toda la atmósfera, teniendo una concentración de unas 2-8 partículas por millón. Sin embargo, hay que pensar que, si ese ozono fuese comprimido a la presión del aire a nivel del mar, obtendríamos una capa de tan solo 3 mm de espesor.

¿Qué función tiene? ¿Por qué es importante?

Supone una capa muy importante en nuestra atmósfera. Una capa sin la cual probablemente no habría vida en la tierra. Y es que gracias a la presencia de ozono no llegamos a recibir toda la radiación que el Sol nos envía, los rayos UV-B y UV-C de los que hablamos en un programa anterior.

El ozono actúa como filtro y puede absorber del 97% al 99% de esa radiación ultravioleta, dejando solamente pasar los rayos UV-A, y permitiendo que se produzca el efecto invernadero, que mantiene las fluctuaciones de temperatura en nuestro planeta en unos márgenes óptimos para nuestra vida.

Sin la capa de ozono, las temperaturas durante el día serían elevadísimas por la radiación tan energéticas que llegarían del Sol, y serían bajísimas de noche. La vida tal y como la conocemos no sería posible.

¿Cómo se forma?

Cuando los rayos UV llegan a la Tierra y entrar en la atmósfera, pueden chocar con las moléculas gaseosas presentes en ella. Al colisionar, siendo tan energéticas, pueden romperlas, fracturar sus enlaces, y eso pasa con el oxígeno.

Una molécula de O2 se rompe en dos de O, tremendamente reactivas, que pueden, o volver a combinarse entre ellas, o encontrar por el camino una molécula de O2 y formar O3, y ahí tenemos el ozono.

De esta forma, esos rayos UV que no llegan a nosotros se destruyen chocando con moléculas. Esas moléculas digamos que se “sacrifican” para que no nos lleguen los rayos a nosotros.

Pero claro, la capa de ozono tiene una cantidad constante de esa molécula, por lo que de alguna forma tiene que destruirse. Y es que el ozono también puede actuar como filtro, colisionando contra los rayos y formando de nuevo O2 y un átomo reactivo de O. Es un proceso reversible.

Se habla de que estamos dañando la capa de ozono, ¿qué productos están destruyendo la capa de ozono?

En efecto, la capa de ozono está siendo destruida por la actividad humana, lo que trae consigo efectos como el calentamiento global que estamos viviendo, con temperaturas medias cada vez más altas, los polos fundidos, aumentos de los niveles de los océanos…

De hecho, en 1987 se reunió la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar este tema, y se firmó el Protocolo de Montreal, que pretendía reducir a nivel mundial las emisiones de los compuestos más dañinos para la capa de ozono. Y en 1994 se proclamó el 16 de septiembre como el Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono. Así que el asunto es serio.

Las primeras sustancias que nos vienen a la cabeza son los famosos CFCs, o clorofluorocarburos. Son gases liberados a la atmósfera porque los tenemos presentes en los espráis o en los sistemas de refrigeración.

Una vez en la atmósfera, estos gases sufren una degradación debido a los rayos UV y se rompen al igual que el oxígeno generando radicales fluoro y radicales cloro. Estos son muy reactivos, y pueden interaccionar con una molécula de ozono, de forma que se libera O2 y una molécula de ClO o FO. De esta forma, destruyen más ozono del que se destruiría de forma natural, reduciendo su cantidad, haciendo la capa cada vez más fina.

Otros compuestos que actúan de manera negativa contra la capa de ozono son los halones, utilizados en extinciones de incendios, el bromuro de metilo utilizado para fumigar suelos, el tetracloruro de carbono, utilizado como materia prima en la industria…todo ello compuesto halogenados, es decir, que contienen F, Cl o Br, que una vez en la atmósfera destruyen parte del ozono.

Hoy en día el uso de estos productos está o muy restringido o totalmente prohibido.

¿Y qué hay de la ozonoterapia? Se habla como una terapia frente a algunas enfermedades.

Pues sí, la ozonoterapia es una de las llamadas “terapias alternativas” que los científicos llamamos directamente pseudoterapia o pseudociencia.

Es una “terapia” que consiste en insuflar ozono en forma gaseosa en heridas o dentro del paciente (siendo la vía rectal una bastante habitual). Se habla de tratamiento frente a enfermedades tan serias como el cáncer, sida, parálisis o enfermedades neurodegenerativas.

Obviamente no tiene ninguna validez científica ni ninguna demostración empírica sobre sus efectos terapéuticos. La propia Federación de Fármacos de los Estados Unidos, la FDA, admite que la ozonoterapia no tiene ningún uso médico real, pudiendo llegar a ser tóxico y perjudicial para el paciente, sobre todo por la generación de radicales libres de oxígeno en la sangre.

Sí es cierto que hay estudios clínicos que evalúan el uso de ozono para cosas muy concretas y específicas y como ayuda a la medicina, pero no como una terapia en sí misma.

Pedro Juan Llabrés, doctor en química por la Universitat de València

Escucha PODCAST con este espacio completo de Entre Moléculas